#DESCUBRELAMADERA – GESTIÓN DE LOS BOSQUES

La mejor garantía para la conservación y renovación de los bosques es el aprovechamiento de sus recursos.

Los bosques son fundamentales para mantener el buen estado del aire, el suelo y el agua. Desempeñan un papel clave a la vez que uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos hoy en día junto al cambio climático, la erradicación del hambre y la sostenibilidad de comunidades rurales.

El último informe de Evaluación Global sobre la Biodiversidad y los Servicios de los Ecosistemas, elaborado por el Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) de la ONU, advirtió que 1 millón de especies están en peligro de extinción, más que en cualquier otro momento en la historia de la humanidad, debido al impacto de los seres humanos y que se deben poner en marcha medidas urgentes para proteger los bosques y océanos del mundo y transformar radicalmente la agricultura y la producción y el consumo de alimentos.

En este sentido, la Agenda 2030 establece 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) a alcanzar en esta década, y de todos, hoy queremos destacar el nº 15 “Vida de Ecosistemas Terrestres” porque recoge la importancia de proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica.

 

¿Cómo podemos ayudar a conseguir este objetivo?

La respuesta es clara, consumiendo madera, pero de origen certificado.

Al contrario de la creencia popular, el consumo de madera (de origen certificado) es fundamental para el buen mantenimiento y conservación de los bosques. El aprovechamiento controlado y sostenible de los recursos forestales es la única garantía de su supervivencia ya que una adecuada gestión de los bosques implica su repoblación (sustituir los árboles que se talan por otros que se plantan). Esto es incluso positivo frente al cambio climático, puesto que los bosques jóvenes son sumideros de carbono más eficientes que los bosques que se dejan en un estado natural, puesto que un árbol joven consume más CO2 que uno maduro, el cual finalmente se muere y pudre, devolviendo su almacenamiento de CO2 a la atmósfera, mientras que la mayor parte del CO2 de los árboles cortados en un bosque gestionado sigue almacenada a lo largo de la vida útil del producto de madera resultante.

El consumo de madera no destruye bosques, los conserva, gestiona y mantiene, pero es importante asegurarse que cuenta con los certificados necesarios para garantizar que su origen es sostenible.


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